Cine

Crítica de X-Men: Días del futuro pasado, exhibición mutante

Al fin llega a los cines españoles X-Men: Días del futuro pasado (X-Men: Days of Future Past) la nueva y más completa entrega de la saga mutante. Una cinta que cuenta con muchos de los ingredientes propios, no ya solo del buen cine de superhéroes, sino del cine sin apellidos.
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Cambiar el pasado para modificar el curso de la historia y evitar así una guerra que llevará a los mutantes a la extinción. Esta es la premisa central de la película que dirige Bryan Singer, que regresa a la franquicia tras dirigir sus dos primeras entregas con una superproducción que supone también su vuelta al cine de superhéroes tras el gran fiasco que fue Superman Returns.

Un plan para cambiar la realidad, una solución a lo Terminator, Evitar el Holocausto mutante A manos de un enemigo prácticamente invencible del que el Profesor X (Patrick Stewart) es el ideólogo, Gatasombra (Ellen Page) es la llave, Lobezno (Hugh Jackman) el brazo ejecutor, Mística (Jennifer Lawrence) la clave y los jóvenes Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender) dos colaboradores necesarios condenados a entenderse.

El joven Bestia (Nicholas Hoult), Tormenta (Halle Berry), el Hombre de Hielo (Shawn Ashmore), Bishop (Omar Sy), Sendero de Guerra (Booboo Stewart), la espectacular Blink (Fan BingBing), Mancha Solar (Adan Canto) o el siempre imponente Magneto (Sir Ian McKellen) completan el rosario de mutantes que van desfilando a lo largo de las más de dos horas de espectáculo puro y duro que es X-Men: Días del futuro pasado.

EL FANTÁSTICO QUICKSILVER

Un divertimiento de muchos quilates que alcanza su punto máximo gracias a su gran y fugaz -nunca mejor dicho- estrella: Quicksilver. Al joven mutante al que da vida Evan Peters (conocido para el público latino como Mercurio) le debemos la mejor secuencia de toda la película, que ya es decir, y algunos de los golpes de humor más certeros del filme.

Del lado de los malos tenemos a los Centinelas, los robots creados para aniquilar a los mutantes, imponentes y algo torpones en su versión setentera y más estilizados y vistosos en su versión del futuro; a un joven William Striker (Josh Helman) al que todavía le falta un hervor; y a Bolivar Trask, el genio hacedor de la ciberamenaza que años después pondrá a los mutantes entre la espada y la pared.

Un villano con más peso en la historia que minutos en pantalla y al que interpreta con su encanto habitual Peter Dinklage, el actor que da vida a Tyrion Lannister en Juego de tronos. Un ídolo de masas entre los seguidores de Poniente.

ESPECTÁCULO SIN SATURAR

Con estos personajes y esta historia -una de las más valoradas por los seguidores del cómic- Singer arma un blockbuster de superhéroes con una trama actractiva, un elenco brillante, visualmente espectacular y que además dosifica con inteligencia sus necesarias dosis de acción para no saturar ni aturdir al espectador con demoliciones masivas y aparatosos fuegos de artificio.

Los altibajos en el ritmo de la narración, que alguno hay, son rápidamente solventados por alguno de sus carismáticos personajes que, eso sí, no pueden hacer nada ante alguna que otra incongruencia en el arco argumental de la saga, deudora de las anteriores entregas de la franquicia.

Pero ante la que es, con permiso de X-Men: Primera generación -verdadera resurrección de la saga-, la mejor película de mutantes vale la pena hacer la vista gorda. Así que pónganse cómodos, disfruten de cine de superhéroes del bueno, esperen al final de los títulos de crédito y... ¡que venga el Apocalipsis!

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