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Givenchy: "Letizia viste muy bien, muy adecuada" Thyssen Bornemisza Tita Cervera

Tiene 89 años, con un porte y elegancia, que nadie lo diría. Hubertus de Givenchy, es el último couterier de la alta costura junto a Coco Chanel, Christian Dior, Cristóbal Balenciaga, Jeanne Lanvin o Pierre Balmain.
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En vísperas de la restropectiva de la emblemática firma en el Museo Thyssen-Bornemisza, -abierta desde el 18 de octubre al 22 de enero de 2015- Vanity Fair ha podido hablar con él en una de sus escasas entrevistas.

Audrey Hepburn, Jackie Kennedy o Wallis Simpson pasaron por sus manos y la increíble Hepburn, era capaz de llamarle para recordarle: "Solo llamo para decirte que te quiero". Su amistad fue tal, que le prestó su avión para el último tratamiento que recibió la actriz en Suiza, y fue una de las cinco personas en portar su féretro. Ella solo tenía palabras de grandeza para el diseñador: : "Gracias por la alfombra mágica", relata Hubertus a VF.

Desde esa época dorada, ha llovido mucho. Al conde de Givenchy poco le interesa la moda de ahora, ni la reconoce aunque prefiere no hablar de ello: "No quiero criticar lo que se hace ahora. Vendí mi nombre y 'voilá'. Fin de la historia". Para él, un grande fue Yves Saint Laurent: "Después de Yves Saint Laurent ya nada fue lo mismo. Era un guía para todos los creadores. Ahora las colecciones tienen un poco de aquí, un poco de allá, pero ya no hay elegancia. Los tiempos han cambiado".

No le importa admitir que ya no forma parte de este "universo de la moda" y que hace 25 años que vendió su nombre...

Nació en Beauvais en el seno de una familia aristocrática y adinerada de la que heredó el título nobiliario. Su padre era el marqués de Givenchy. "Con quince años tomé un tren hacia París sin pedir permiso a nadie. Fui a presentarle mi colección de bocetos a Cristóbal Balenciaga".

Admiraba al modisto español de una forma obsesiva y quería intentar unirse a sus filas. "Le gustaba apoyar a los jóvenes talentos y vio algo en mí. Odiaba las mentiras y siempre me decía: 'No te metas en camisa de once varas'. 'Sé honesto con tu trabajo'. 'Busca la verdad'. Fue como un padre para mí".

Además de Hepburn y clientas como Grace Kelly, también contó con adeptas en España. Solían pasar por los ateliers de París las Koplowitz, Sonsoles Díaz de Icaza, madre de la promotora del Museo Balenciaga. También habla de Carmen Martínez-Bordiú, quien se casó con un Borbón vestida por el modisto de Guetaria. A cambio le preguntamos qué opina de cómo visten los royals hoy en día, especialmente Letizia: "Muy bien, muy adecuada", responde.

Vendió su firma al gigante del lujo LVMH en 1989, pero aún trabajaría allí como director creativo durante siete años. La experiencia fue complicada: "Es muy difícil cuando no eres el jefe. En el momento en que llegué a la casa algunas personas pidieron conocerme. Pero todo el mundo creía llevar un gran diseñador dentro. Nadie me preguntaba mi opinión y entonces sentí que tenía que hacer otras cosas. Terminé mi contrato. Dije adiós, muchas gracias".

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