Basada en el bestseller homónimo de Rosalie Ham,  ‘La Modista’ de Kate Winslet ha tenido la oportunidad de rendir homenaje a todas esas mujeres que dejaban al personal sin aliento en ese cine en blanco y negro que tanto brillaba a un lado y al otro de la pantalla.

Tan solo le hace falta una secuencia para transformarse en la Rita Hayworth que nos enamoró en ‘Gilda’, en aquella Marlene Dietrich que ya despuntada en fatalidad y en la voluptuosa Anita Ekberg de ‘La Dolce Vita’ –inevitable compararla con ella a pesar de que se estrenara una década después del año en el que se sitúa La Modista-.

Pero no son las únicas pieles que prueba Kate Winslet en La Modista. Su personaje hace también referencia al estilo y melena rubia de Verónica Lake en ‘El Cuervo’ (Contratado para matar), a la sensualidad de Ava Gardner en ‘The Killers’ y a la firmeza de Lauren Bacall en ‘Tener o no tener’.

La suma de todas ellas (y más) da como resultado una nueva femme fatale contemporánea: Kate Winslet, a secas. Quizá de ahora en adelante no haga falta hacer más comparaciones, pero de momento podemos quedarnos con todos estos guiños que Kate encarna y explota a la perfección en la película.

El vestuario es un elemento esencial en ‘La modista’, que relata la historia de Tilly Dunnage (Kate Winslet), una glamurosa modista que, tras muchos años trabajando en exclusivas casas de moda de París, regresa a su casa en el turbio pueblo de Dungatar, con el objetivo de cerrar heridas del pasado. Allí, no sólo se reconciliará con Molly (Judy Davis), su enferma y excéntrica madre, y se enamorará inesperadamente de Teddy (Liam Hemsworth), sino que armada únicamente con su máquina de coser y su excepcional estilo, conseguirá transformar a las mujeres del pueblo y logrará de esta peculiar forma su dulce y ansiada venganza.

Rosalie Ham tenía los trajes en mente cuando escribió el libro en el que se basó la película: “La idea de la ropa como disfraz, como algo que sirve para tapar los defectos del cuerpo, era algo que quería explorar, pero, en este caso, acentúa los defectos de la gente, sentimientos como la vanidad o los celos; así que todo nace de ahí”, dice.

La moda en ‘La modista’ tiene que ver con los disfraces. Tilly Dunnage, la protagonista, se aprovecha de las mujeres de Dungatar, que llevan mucho tiempo sin sentirse bien o guapas. Es una forma de seducirlas y darles un falso sentimiento de esperanza.

“Tilly se ha formado como modista de Alta Costura en Francia, con Balenciaga, Dior y Madame Vionnet. Los habitantes de Dungatar no entienden del todo lo mágicas y hermosas que son sus creaciones, creen que son simplemente trajes elegantes. Es una especie de regalo que ella les hace, que lleva consigo pequeñas dosis de venganza al mismo tiempo. Pasan de tener un aspecto pálido y teñido con tonos té a parecer que desfilan por una alfombra roja. Es realmente espectacular”, cuenta Kate Winslet sobre su personaje.

Expertos en películas de época

Antes de que el proyecto de La modista llegara a manos de Moorhouse, Marion Boyce, la diseñadora de vestuario ya la conocía: una de sus costurares se la envió y le dijo: “Marion, tienes que hacer esta película y yo quiero trabajar en el equipo”. Y así fue.

Marion Boyce está acostumbrada a trabajar en películas de época. Era la persona perfecta para relatar el contraste entre los trajes de los campesinos de algodón, los monos de trabajo o la ropa funcional y los vestidos confeccionados con telas de una textura muy rica, capas de 40 metros de organza de seda blanda plisada (la idea de unos trajes de organza de seda blanca en ese ambiente sorprende y resulta casi cómico). Vestidos increíblemente entallados con unos zapatos de tacón alto.

El armario de Kate Winslet corría a cargo de Margot Wilson. Antes de ponerse a crear siempre se imagina al persona con la ropa que tiene en mente.”Normalmente, ves si hay algo que sobresale que no debería estar ahí. Así que, cuando miro a la percha y veo que todo combina perfectamente, que es un todo, pienso que he hecho un buen trabajo”, apuntó.

Christian Dior frente a Vionnet y Balenciaga

En los años de posguerra de la década de los 50 la moda se dividió en dos movimientos contrapuestos; por un lado, en 1947, Christian Dior creó el “new look”, que devolvió a las mujeres en cierto modo al corsé y a la cintura de avispa. Por otro lado, Madame Vionnet y Balenciaga eran modistos que no utilizaban el artificio; usaban lo que había y la forma en que la tela cubría el cuerpo para resaltar las virtudes y ocultar los defectos.

Fue también en esa época cuando los diseñadores franceses empezaron a influir en las cadenas de tiendas y en la cultura de los jóvenes y a sacar partido del aumento en la producción de materiales. Jocelyn Moorhouse explica que “la moda de los años 50 fue fascinante porque venía de un ambiente de mucho sacrificio. Todo el mundo se había visto obligado a ser austero, y entonces llegó Christian Dior y lo cambió todo. Y Balenciaga. Cambiaron los cortes y utilizaron una cantidad de tela ridícula para crear algo que eran verdaderas obras de arte, no solo trajes”.

La aportación de Kate Winslet al vestuario

Aunque Margot Wilson es la directora de vestuario de Tilly, quiso contar con la colaboración de la actriz. Wilson dibujó con mimo a Kate con los trajes y después los retocaron juntas. “Kate y yo hablamos de los trajes y de las telas y de qué clase de persona era Tilly. También de los cortes, del uso de colores vivos y colores dobles, como el rojo y el mostaza, el morado y el verde, y el negro, que estaban muy lejos de lo que la gente del pueblo llevaba”, contó.

Marion estudió en profundidad el trabajo de los modistos de París. No consistía en saber solo de dónde venían los nuevos cortes, sino el porqué de esos cortes, y cuáles eran las costumbres sociales de la época. “Los primeros años de la década de los 50 fueron unos años apasionantes. La alegría volvió de nuevo a la ropa. Los trajes eran más sueltos y hacían que te apeteciera bailar otra vez”, relata. 

El icónico vestido rojo, para impactar

Cuando todo el mundo habla de que Tilly -la supuesta asesina- ha vuelto al pueblo, ella se guardaba un as bajo la manga, un look con el que dejar a todos sus vecinos sin palabras. “Tilly decide dejarlos a todos boquiabiertos”, comenta Kate Winslet. “Se presenta en un partido de fútbol local, empujando la silla de ruedas de Molly ‘la loca’, su madre, y vistiendo un traje rojo ceñido, espectacular, además de unos maravillosos zapatos rojos de tacón alto. Cigarrillo, boquilla, gafas oscuras, en una palabra, todos los complementos. Así es como hace su aparición”, añade.

El vestido estaba hecho para impactar y estaba elaborado con una tela roja, una seda muaré, que Jocelyn compró en Milán hacía más de 20 años y que nunca supo cuándo iba a usar. El resultado no pudo ser mejor.