Rainiero de Mónaco y Grace Kelly, Plácido Domingo y más recientemente Paula Echevarría y Miguel Ángel Silvestre, que rodaron un capítulo de Velvet en el emblemático hotel, han caído rendidos al lujo de la suite real del Ritz. Doscientos metros cuadrados, dos habitaciones, tres cuartos de baño y dos salones en los que parece que el tiempo se ha parado y trasladan al huésped a principios del siglo XX, cuando el rey Alfonso XIII sugirió construir un hotel que estuviera a la altura de la realeza y la aristocracia de la época. 

A Yves Saint Laurent le gustaba alojarse en esta suite porque su decoración le recordaba a su casa de París: seda de Damasco en las paredes, chimeneas de mármol, pan de oro en el techo, jarrones chinos de principios del siglo XVIII, flores frescas que se cambian cada día. Y sobre el suelo, una de las alfombras más grandes del hotel, que fue confeccionada a mano. 

Sus vistas, al Museo del Prado, le robaron el sueño a Linda Fiorentino. Impresionada por la belleza del entorno, se pasó la noche en vela mientras contemplaba la fachada del museo y leía libros sobre arte. Sin embargo, los actores no siempre fueron bien recibidos en el hotel. Existía la regla no escrita de no admitir a artistas ni toreros. A James Stewart, por ejemplo, ganador de un Oscar como Mejor Actor por ‘Historias de Filadelfia’ en 1941, no le permitieron entrar, pero existe el rumor que cuando enseñó su placa de coronel y dijo que venía en calidad de militar del Ejército Estadounidense, tuvieron que admitirle.

Pero ahora las cosas han cambiado y por casi 6.000 euros el visitante puede sentirse como un rey agasajado con una cesta de frutas de bienvenida, dormir en una cama ‘king’ de estilo cuidado, darse una ducha en un baño con grifos de oro y aplicarse los productos de Acqua di Parma, la esencia de la elegancia italiana.